Filosofía · 5 minutos

Tu salud también te ayudó a llegar hasta aquí.

El cuerpo que permitió que tus decisiones, tu trabajo y tus planes siguieran ocurriendo también participa en tu trayectoria.

Cuando alguien cuenta su propia trayectoria, suele recordar las decisiones importantes, las horas de trabajo, los riesgos, los errores corregidos y las dificultades superadas. Casi nunca incluye otra condición que estuvo presente durante todo ese tiempo: el cuerpo que permitió hacer todo eso.

Trabajar durante años exige mucho más que disposición. Es necesario poder despertar, pensar, concentrarse, desplazarse, soportar el cansancio y repetir esas acciones durante suficiente tiempo. Sin embargo, cuando todo funciona como se espera, casi no percibimos esa dependencia. La salud suele desaparecer de nuestra historia precisamente porque permaneció presente.

Una enfermedad grave entra de inmediato en una biografía. Puede interrumpir una carrera, modificar planes, consumir recursos y hacer imposibles actividades que antes parecían sencillas. En cambio, los años en que esa enfermedad no apareció difícilmente se recordarán como acontecimientos importantes. La continuidad parece normal, aunque muchos proyectos solo existieron porque se mantuvo.

Esto no significa que una persona sana no se haya esforzado. Tampoco significa que cuidar la propia salud sea irrelevante. El ejercicio, la alimentación, la prevención y el tratamiento pueden marcar una enorme diferencia. Pero el cuidado no produce un control completo. Puedes cuidar tu cuerpo; no decides todo lo que sucederá dentro de él.

Esta diferencia importa porque tendemos a atribuir nuestros logros solo a las condiciones que podemos reconocer como acciones. Decimos que trabajamos diez años para construir algo, y eso puede ser enteramente cierto. Pero esos diez años también tuvieron que estar disponibles. El organismo tuvo que seguir siendo capaz de sostener el trabajo, los planes y las decisiones que vinieron después.

Quizá esto parezca solo una condición básica de la existencia. Y es precisamente por ser básica que casi nunca recibe reconocimiento. Aquello de lo que dependemos todos los días tiende a parecer irrelevante mientras no falla.

Tu salud no hizo el trabajo por ti. No tomó tus decisiones, no asumió tus riesgos ni soportó conscientemente tus miedos. Pero permitió que estuvieras ahí para hacer todo eso.

Trabajaste para llegar hasta aquí. Tu cuerpo también tuvo que dejarte llegar.

Solo Tuviste Suerte investiga hasta dónde llega realmente nuestra autoría sobre lo que logramos: qué pertenece al esfuerzo, las decisiones y la competencia, y qué depende de condiciones que no elegimos, personas que no controlamos, acontecimientos que no previmos e incluso de aquello que nunca llegó a suceder.

No es un intento de negar el mérito ni de reducir nuestros logros a la suerte. Es una invitación a mirar con más cuidado la historia que contamos sobre nosotros mismos — y preguntarnos cuánto de ella empezó realmente en nosotros.

Conocer el libro